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Se caracteriza por la aparición frecuente de ataques de pánico. Los ataques se producen en momentos en los que aparece de repente un miedo intenso a algo que no se sabe lo que es, y suelen ir acompañados de síntomas fisiológicos. Éstos pueden ser:
• Taquicardias.
• Sudoración.
• Temblores.
• Dificultad para respirar o ahogos.
• Náuseas.
• Vértigo, mareos y desmayos.
• Escalofríos.
• Dolores en el pecho.
• Miedos a volverse loco o a morir.
• Despersonalización.
Para diagnosticar un ataque se suele exigir que aparezca bruscamente (de repente), con cuatro de estos síntomas come mínimo, y que alcance su máxima intensidad en los primeros diez minutos. Gran parte de la población normal ha sufrido o sufre algún ataque de pánico sin desarrollar el trastorno. Con mucha frecuencia, su aparición suele darse en momentos o situaciones de gran estrés emocional que producen mucha ansiedad, y tienden a repetirse cuando se dan estas circunstancias. Sin embargo, los pacientes con el trastorno suelen tener más ataques y no necesariamente relacionados con el estrés, es decir, éstos son inesperados, llegando incluso a poder darse durante el sueño o en momentos de relajación.
Cuando aparecen solamente ante situaciones muy concretas lo más probable es que se trate de una fobia específica o social.
Las personas con el trastorno suelen experimentar cambios en su actitud con respecto a las crisis. Empiezan a sentir in-tranquilidad pensando que les pueden dar más ataques y a preocuparse por las con-secuencias, como por ejemplo, perder el control, la conciencia o que les dé un infarto. El problema es que algunos síntomas son demasiado parecidos a los reales.
Cuando este miedo se hace muy intenso, se desarrolla ansiedad anticipatoria o fobofobia, que sería miedo al miedo. Es decir, se teme sufrir ataques de pánico. De igual forma, hay situaciones que acaban asociadas a la ansiedad por lo difícil (o embarazoso) que sería escapar de ellas o recibir ayuda en caso de darse un ataque. Algunos ejemplos serían: ir conduciendo un coche; estar fuera de casa y solo; estar en sitios concurridos como tiendas, teatros y restaurantes, entre la multitud, etc. Si estos ambientes empiezan a evitarse porque ya en sí mismos producen ansiedad, se denominaría al trastorno de «pánico con agorafobia».
Este último suele ser muy incapacitante, porque acaba interfiriendo en todas las facetas de la vida, laboral, social y marital de la persona. Son frecuentes las depresiones, probablemente debidas a la reducción de las actividades cotidianas y al fuerte malestar que produce el miedo, el abuso de sustancias y alcohol y las obsesiones. No obstante, cuando el trastorno se da sin agorafobia es menos perturbador. Es decir, interfiere también en la vida de la persona pero las situaciones en sí mismas no producen miedo.
En general, todos los trastornos de ansiedad producen miedo. Sin embargo, se han observado diferencias en el tipo de pensamientos que se tienen mientras dura la sensación. Los resultados de diferentes investigaciones indican que los pacientes con trastorno de pánico tienen mucho más miedo a morir, a perder el control y a volverse locos que los otros pacientes (por ejemplo, los que sufren fobias específicas o sociales, o los que padecen un trastorno de ansiedad generalizada).
Seré feliz ... Expulsaré de mi todo pensamiento triste, me sentiré más alegre que nunca. No me lamentaré de nada. Hoy agradeceré a la providencia la alegría y la felicidad que me regala.
Trataré de ajustarme a mi vida. Aceptaré al mundo tal y como es, y procuraré encajar en ese mundo.
Si sucede algo que me desagrada no me mortificaré y me lamentaré; agradeceré que me haya sucedido, porque así se puso a prueba mi voluntad de ser feliz.
No aprisionaré mis nervios, ni mis sentimientos, ni mis impulsos.
Seré libre ... Trabajaré alegremente con entusiasmo y pasión. Haré de mi trabajo una diversión. Comprobaré mis pequeños triunfos. Los fracasos serviran de apoyo para mis triunfos. Seré amable y agradable. No criticaré a nadie.
Si comienzo a criticar a una persona cambiaré la crítica por apreciaciones sinceras de sus virtudes; olvidaré los defectos y concentraré mi atención en las virtudes.
Hoy evitaré las conversaciones y discusiones desagradables ... Voy a eliminar dos plagas, la prisa y la indecisión. Hoy viviré con calma, con paciencia, porque la prisa es el enemigo de una vida feliz y triunfante. No permitiré que la prisa me acose, ni que la impaciencia me abrume.
Hoy haré frente a todos los problemas con decisión y valentía. No tendré miedo. El futuro me pertenece. Actuaré valientemente.
Hoy tendré confianza en que el destino ayuda a los que luchan por trabajar ... No envidiaré a los que tienen más dinero, más prestancia o más salud que yo. Contaré mis bienes y no mis males. Compararé mi vida sólo con mi vida. Hoy es el mañana de ayer, y hoy seré mejor que ayer. Trataré de resolver los problemas de hoy. El futuro se resuelve a sí mismo.
El destino pertenece a los que luchan.
Hoy tendré un programa que realizar ... No guardaré rencor a nadie. No pensaré en el pasado. Practicaré la ley del perdón.
Asumiré mis responsabilidades y no echaré la culpa de mis problemas a otras personas. Hoy comprobaré que los demás me aman y me premian con su amor.
Y que todo lo puedo estándo junto a los que quiero , porque me fortalece, haré un bien a alguien. Buscaré alguna persona para hacerlo sin que lo descubra. Seré cortés y generoso. Trataré de pagar el mal con el bien.
Al llegar la noche comprobaré que obtuve éxito.
Había una vez -en algún lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo-, un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales, todos ellos felices y satisfechos.
Todo era alegría en el jardín, excepto por un árbol profundamente triste. El pobre tenía un problema: "No sabía quién era"... Lo que le faltaba era concentración, le decía el manzano,
- Si realmente lo intentas, podrás tener sabrosísimas manzanas. ¿Ves qué fácil es?.
-No lo escuches..., exigía el rosal. Es más sencillo tener rosas.. - ¿Ves qué bellas son?.
Y el árbol, desesperado, intentaba todo lo que le sugerían, y como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más frustrado.
Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, le dijo:
-No te preocupes, tu problema no es tan grave, es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra. Yo te daré la solución:
"¡No dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas. Sé tu mismo, conócete, y para lograrlo, escucha tu voz interior!". Y dicho esto, el búho desapareció.
-¿Mi voz interior?... ¿Ser yo mismo?... ¿Conocerme?... - Se preguntaba el árbol, desesperado,... ¡CUANDO DE PRONTO, COMPRENDIÓ! Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y por fin pudo escuchar su voz interior diciéndole: Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera, porque no eres un rosal. ¡Eres un roble!. Y tu destino es crecer grande y majestuoso, dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje... Tienes una misión: ¡Cúmplela!. Y el árbol se sintió fuerte y seguro de si mismo, y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado.
Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. Y sólo entonces el jardín fue completamente feliz.
Yo me pregunto, al ver a mi alrededor, -¿Cuántos serán robles que no se permiten a si mismos crecer?.... ¿Cuántos serán rosales que, por miedo al reto, sólo dan espinas?.... ¿Cuántos, naranjos que no saben florecer?.
En la vida, todos tenemos un destino que cumplir, un espacio que llenar. No permitamos que nada ni nadie nos impida conocer y compartir la maravillosa esencia de nuestro ser. ¡NUNCA LO OLVIDES!
Hace algún tiempo atrás, leí un libro que comparaba la vida con un viaje en tren.
Una lectura extremadamente interesante.
Al nacer, nos subimos al tren y nos encontramos con algunas personas las cuales creemos que siempre estarán con nosotros en este viaje: NUESTROS PADRES.
Lamentablemente la verdad es otra. Ellos se bajarán en alguna estación dejándonos huérfanos de su cariño, amistad y su compañía irreemplazable.
No obstante esto no impide que se suban otras personas que serán muy especiales para nosotros.
Llegan nuestros hermanos, amigos y esos amores maravillosos.
De las personas que toman este tren, habrá también los que lo hagan como un simple paseo.
Otros que encontrarán solamente tristeza en el viaje… Y habrá otros que, circulando por el tren, estarán siempre listos en ayudar a quien lo necesite.
Muchos al bajar, dejan una añoranza permanente… Otros pasan tan desapercibidos que ni siquiera nos damos cuenta que desocuparon el asiento.
Es curioso constatar que algunos pasajeros, quienes nos son más queridos, se acomodan en vagones distintos al nuestro. Por lo tanto, se nos obliga a hacer el trayecto separados de ellos. Desde luego, no se nos impide que durante el viaje, recorramos con dificultad nuestro vagón.
Pero lamentablemente, ya no podremos sentarnos a su lado pues habrá otra persona ocupando el asiento.No importa; el viaje se hace de este modo: lleno de desafíos, sueños, fantasías, esperas y despedidas... pero jamás regresos.
Entonces, hagamos este viaje de la mejor manera posible.
Tratemos de relacionarnos bien con todos los pasajeros, buscando en cada uno, lo mejor de ellos.
Recordemos siempre que en algún momento del trayecto, ellos podrán titubear y probablemente precisaremos entenderlos…
Ya que nosotros también muchas veces titubearemos, y habrá alguien que nos comprenda.
Me quedo pensando si cuando baje del tren, sentiré nostalgia... Creo que sí.
Separarme de algunos amigos de los que hice en el viaje será doloroso. Dejar que mis hijos sigan solos, será muy triste. Pero me aferro a la esperanza de que, en algún momento, llegaré a la estación principal y tendré la gran emoción de verlos llegar con un equipaje que no tenían cuando embarcaron.
Lo que me hará feliz, será pensar que colaboré con que el equipaje creciera y se hiciera valioso.
Amigo mío, hagamos que nuestra estadía en este tren sea tranquila, que haya valido la pena. Hagamos tanto, para que cuando llegue el momento de desembarcar, nuestro asiento vacío, deje añoranza y lindos recuerdos a los que en el viaje permanezcan.
A tí, que eres parte de nuestro tren, te deseamos un...
¡¡¡Feliz viaje!!!
Y...además, en PSICOAYUDA TE AYUDAMOS A ENGRASAR EL TREN Y A QUE NO DESCARRILE...
- El dinero puede comprar una casa, pero no un hogar.
- El dinero puede comprar un reloj, pero no el tiempo.
- El dinero puede comprar una cama, pero no el sueño.
- El dinero puede comprar un libro, pero no el conocimiento.
- El dinero puede pagar un médico, pero no la salud.
- El dinero puede comprar una posición, pero no el respeto.
- El dinero puede comprar la sangre, pero no la vida.
- El dinero puede comprar sexo, pero no el amor.
EL DINERO NO ES NUNCA EL FIN, SIEMPRE ES EL MEDIO.
"No centres tu vida en el dinero".
Un rey fue hasta su jardín y descubrió que sus árboles, arbustos y flores se estaban muriendo.
El Roble le dijo que se moría porque no podía ser tan alto como el Pino.
Volviéndose al Pino, lo halló caído porque no podía dar uvas como la Vid.
Y la Vid se moría porque no podía florecer como el Rosal.
El Rosal lloraba porque no podía ser alto y sólido como el Roble.
Entonces encontró una planta, una fresa, floreciendo y más fresca que nunca.
El rey preguntó:
¿Cómo es que creces saludable en medio de este jardín mustio y sombrío?
No lo sé. Quizás sea porque siempre supuse que cuando me plantaste, querías fresas. Si hubieras querido un Roble o una Rosa, los habrías plantado. En aquel momento me dije: "Intentaré ser Fresa de la mejor manera que pueda".
Ahora es tu turno. Estás aquí para contribuir con tu fragancia. Simplemente mírate a tí mismo.
No hay posibilidad de que seas otra persona.
Puedes disfrutarlo y florecer regado con tu propio amor por ti mismo, o puedes marchitarte en tu propia condena...
Érase una vez un chico con mal carácter. Su padre le dió un saco de clavos y le dijo que clavara uno en la cerca del jardín cada vez que perdiera la paciencia o se enfadara con alguien.
El primer día clavó 37 clavos. Durante las semanas siguientes se concentró en controlarse y día a día disminuyó la cantidad de clavos nuevos en la cerca.
Había descubierto que era más fácil controlarse que clavar clavos.
Finalmente llegó un día en el que ya no clavaba ningún nuevo clavo. Entonces fué a ver a su padre para explicárselo. Su padre le dijo que era el momento de quitar un clavo por cada día que no perdiera la paciencia.
Los días pasaron y finalmente el chico pudo decir a su padre que había quitado todos los clavos de la cerca.
El padre condujo a su hijo hasta la cerca y le dijo: « Hijo mío, te has comportado muy bien, pero mira todos los agujeros que han quedado en la cerca ».Ya nunca será como antes.
Cuando discutes con alguien y le dices cualquier cosa ofensiva le dejas una herida como ésta.
Puedes clavar una navaja a un hombre y después retirarla, pero siempre quedará la herida.
No importan las veces que le pidas perdón, la herida permanecerá.
Una herida provocada con la palabra hace tanto daño como una herida física.
Los amigos son joyas raras de encontrar. Estan listos para escucharte cuando tienes necesidad, te sostienen y te abren su corazón. Enseña a tus amigos cómo les quieres.
Comienza hoy... y ojalá ahora mismo, a erradicar de tu vocabulario, de tu mente y de tus pensamientos, todas las ideas, opiniones y conceptos que siembren dudas, todo lo que suene como: "eso es muy difícil", "no se puede", "yo no sé", "yo no soy capaz", "yo no entiendo", "imposible", y otras parecidas. Comienza a repetirte, y a sentir: lo lograré; sí puedo; sí soy capaz; con estudio, con dedicación y con un poco de esfuerzo podré lograrlo; sí, sí, sí se puede. Vamos, ¡ahora mismo!
Comienza hoy... y ojalá ahora mismo, a erradicar de tu vocabulario, de tu mente y de tus pensamientos, todas las ideas, opiniones y conceptos que siembren dudas, todo lo que suene como: "eso es muy difícil", "no se puede", "yo no sé", "yo no soy capaz", "yo no entiendo", "imposible", y otras parecidas.
Comienza a repetirte, y a sentir: lo lograré; sí puedo; sí soy capaz; con estudio, con dedicación y con un poco de esfuerzo podré lograrlo; sí, sí, sí se puede.
Vamos, ¡ahora mismo!
Un Rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta.
Muchos artistas intentaron. El rey observó y admiró todas las pinturas, pero solamente hubo dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.
La primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto donde se reflejaban unas plácidas montañas que lo rodeaban. Sobre éstas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos los que miraron esta pintura pensaron que ésta reflejaba la paz perfecta.
La segunda pintura también tenía montañas. Pero éstas eran escabrosas y descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso del cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo parecía retumbar un espumoso torrente de agua. Todo esto no se revelaba para nada pacífico. Pero cuando el Rey observó cuidadosamente, él miró tras la cascada un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca.
En este arbusto se encontraba un nido. Allí, en medio del rugir de la violenta caída de agua, estaba sentado plácidamente un pajarito en el medio de su nido...
Paz perfecta ¿Cuál crees que fue la pintura ganadora?
El Rey escogió la segunda. ¿Sabes por qué? "Porque," explicaba el Rey, "Paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor. Paz significa que a pesar de estar en medio de todas estas cosas permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón.
"Este es el verdadero significado de la paz."
¿Por qué este águila, el rey de todas las aves y pájaros, permanece encerrado en el corral con los pollos?
El granjero contestó: Me lo encontré malherido en el bosque, y como le he dado la misma comida que a los pollos y le he enseñado a ser como un pollo, no ha aprendido a volar. Se comporta como los pollos y, por tanto, ya no es un águila.
El naturalista dijo: El tuyo me parece un bello gesto, haberle recogido y haberle curado. Además le has dado la oportunidad de sobrevivir y le has proporcionado la compañía y el calor de los pollos de tu corral. Sin embargo, tiene corazón de águila y con toda seguridad, se le puede enseñar a volar ¿Qué te parece si le ponemos en situación de hacerlo?
- No entiendo lo que me dices. Si hubiera querido volar, lo hubiese hecho. Yo no se lo he impedido.
- Es verdad, tú no se lo has impedido, pero como tú muy bien decías antes, como le enseñaste a comportarse como los pollos, por eso no vuela. ¿Y si le enseñáramos a volar como las águilas?
- ¿Por qué insistes tanto? Mira, se comporta como los pollos y ya no es un águila, qué le vamos a hacer. Hay cosas que no se pueden cambiar.
- Es verdad que en estos últimos meses se está comportando como los pollos. Pero tengo la impresión de que te fijas demasiado en sus dificultades para volar. ¿Qué te parece si nos fijamos ahora en su corazón de águila y en sus posibilidades de volar?
- Tengo mis dudas. ¿Qué es lo que cambia si, en lugar de pensar en las dificultades, pensamos en las posibilidades?
- Me parece una buena pregunta la que me haces. Si pensamos en las dificultades, es más probable que nos conformemos con su comportamiento actual. Pero, ¿no crees que, si pensamos en las posibilidades de volar, esto nos invita a darle oportunidades y a probar si esas posibilidades se hacen efectivas?
- Es posible.
- ¿Qué te parece si probamos?
- Probemos.
Animado, el naturalista al día siguiente sacó al aguilucho del corral, lo cogió suavemente en brazos y lo llevó hasta una loma cercana. Le dijo:
- Tú perteneces al cielo, no a la tierra. Abre tus alas y vuela. Puedes hacerlo.
Estas palabras persuasivas no convencieron al aguilucho. Estaba confuso y al ver desde la loma a los pollos comiendo, se fue dando saltos a reunirse con ellos. Creyó que había perdido su capacidad de volar y tuvo miedo. Sin desanimarse, al día siguiente, el naturalista llevó al aguilucho al tejado de la granja y le animó diciendo:
- Eres un águila. Abre las alas y vuela. Puedes hacerlo.
El aguilucho tuvo miedo de nuevo de sí mismo y de todo lo que le rodeaba. Nunca lo había contemplado desde aquella altura. Temblando, miró al naturalista y saltó una vez más hacia el corral. Muy temprano al día siguiente el naturalista llevó al aguilucho a una elevada montaña. Una vez allí le animó diciendo:
- Eres un águila, abre las alas y vuela.
El aguilucho miró fijamente los ojos del naturalista. Este, impresionado por aquella mirada, le dijo en voz baja y suavemente:
- No me sorprende que tengas miedo. Es normal que lo tengas. Pero ya verás como vale la pena intentarlo. Podrás recorrer distancias enormes, jugar con el viento y conocer otros corazones de águila. Además estos días pasados, cuando saltabas pudiste comprobar qué fuerza tienen tus alas.
El aguilucho miró alrededor, abajo hacia el corral y arriba hacia el cielo. Entonces, el naturalista lo levantó hacia el sol y lo acarició suavemente. El aguilucho abrió lentamente las alas y finalmente con un grito triunfante, voló alejándose en el cielo. Había recuperado por fin sus posibilidades.
Las conclusiones que se pueden extraer de la fábula son las siguientes:
1. El granjero encontró el aguilucho, se lo llevó a casa, lo curó y lo puso en el corral. Lo sacó de sus problemas iniciales, lo curó y lo institucionalizó. 2. El granjero no creía en las posibilidades del aguilucho y no tenía ninguna esperanza de que pudiera cambiar. El granjero veía las limitaciones y no las posibilidades, por lo que no podía ayudarle más. 3. El naturalista reconoció la labor del agricultor, pero tenía otra mentalidad. No descalifica la extraordinaria labor del agricultor, pero creía en las posibilidades del aguilucho, por lo que sí estaba en condiciones de ayudarle. 4. Tuvo que convencer al agricultor, para intentar que el aguilucho se comportara como un águila y no como un pollo. Lo intentó desde una loma, desde un tejado y desde una montaña. Buscó distintas posibilidades, fracasando al principio, pero ofreciendo pequeñas parcelas de seguridad al aguilucho. No desistió y al final lo consiguieron. 5. El naturalista le hablaba de sus posibilidades y le hacía creer en sí mismo. El naturalista nunca lo lanzó. Sólo le animó a que volara, de distintas formas, todo para conseguir la seguridad y confianza que necesitaba. 6. Cuando el aguilucho se sintió seguro, se lanzó a volar. El aguilucho conquistó su entorno.
Importante: El actuar del Naturalista se corresponde con el sistema de trabajo que se sigue en Psicoayuda.com.
¡Vive hoy !
¡Arriesga hoy !
¡No te dejes morir lentamente !
¡NO TE OLVIDES DE SER FELIZ !
Un texto de Pablo Neruda.
3. Llevar sus cosas con suspensión. La admiración de la novedad es estimación de los aciertos. El jugar a juego descubierto ni es de utilidad ni de gusto. El no declararse luego suspende, y más donde la sublimidad del empleo da objeto a la universal expectación; amaga misterio en todo, y con su misma arcanidad provoca la veneración. Aun en el darse a entender se ha de huir la llaneza, así como ni en el trato se ha de permitir el interior a todos. Es el recatado silencio sagrado de la cordura. La resolución declarada nunca fue estimada; antes se permite a la censura, y si saliere azar, será dos veces infeliz. Imítese, pues, el proceder divino para hacer estar a la mira y al desvelo.
7. Excusar victorias del patrón. Todo vencimiento es odioso, y del dueño, o necio, o fatal. Siempre la superioridad fue aborrecida, cuanto más de la misma superioridad. Ventajas vulgares suele disimular la atención, como desmentir la belleza con el desaliño. Bien se hallará quien quiera ceder en la dicha, y en el genio; pero en el ingenio, ninguno, cuanto menos una soberanía. Es éste el atributo rey, y así cualquier crimen contra él fue de lesa Majestad. Son soberanos, y quieren serlo en lo que es más. Gustan de ser ayudados los príncipes, pero no excedidos, y que el aviso haga antes viso de recuerdo de lo que olvidaba que de luz de lo que no alcanzó. Enséñannos esta sutileza los astros con dicha, que aunque hijos, y brillantes, nunca se atreven a los lucimientos del sol.
8. Hombre inapasionable, prenda de la mayor alteza de ánimo. Su misma superioridad le redime de la sujeción a peregrinas vulgares impresiones. No hay mayor señorío que el de sí mismo, de sus afectos, que llega a ser triunfo del albedrío. Y cuando la pasión ocupare lo personal, no se atreva al oficio, y menos cuanto fuere más: culto modo de ahorrar disgustos, y aun de atajar para la reputación.
9. Desmentir los achaques de su nación. Participa el agua las calidades buenas o malas de las venas por donde pasa, y el hombre las del clima donde nace. Deben más unos que otros a sus patrias, que cupo allí más favorable el cenit. No hay nación que se escape de algún original defecto: aun las más cultas, que luego censuran los confinantes, o para cautela, o para consuelo. Victoriosa destreza corregir, o por lo menos desmentir estos nacionales desdoros: consíguese el plausible crédito de único entre los suyos, que lo que menos se esperaba se estimó más. Hay también achaques de la prosapia, del estado, del empleo y de la edad, que si coinciden todos en un sujeto y con la atención no se previenen, hacen un monstruo intolerable.
Sonreír, es una de las mejores formas y mas saludables que nos regala la vida.
Sonreír, es mas fácil que tener la cara dura y fruncida, es dar a la vida la bienvenida, es utilizar menos músculos para lanzar una sonrisa.
La sonrisa debe ser parte de nuestra vida cotidiana.
¿Qué pasaría si al pasar por la calle ante un desconocido/a, le lanzo la mejor de mis sonrisas, acompañada de un buen y respetable saludo?.
Tendré la oportunidad de hacer mi buena obra del día, pues si aquella persona se, encontraba con su cara dura, por lo menos le arrancaré una sonrisa, aunque se vaya pensando: "este loco me confundió".
Por lo menos le sacaste de su problema que le haya aquejado y por el cual se encontraba con su cara dura.
La gentileza y la felicidad son las doncellas que nos llevan por los caminos de la realización, de la superación.
Ser feliz hasta ahora no es motivo para pagar impuestos, nada cuesta, así que por ahora debo iniciar esta semana con el firme propósito de dibujar la mejor de mis sonrisas y mis saludos más gentiles.
¿Donde? A dondequiera que vaya, donde entre, salga o esté, junto a mi estará siempre la sonrisa, atrayendo como imán mi felicidad.