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Para la gente el concepto de adicción incluye tomar drogas y la mayoría de las definiciones sobre lo que es una adicción se centran en el abuso de sustancias. Sin embargo, hay una serie de conductas potencialmente adictivas, incluyendo muchos comportamientos que no implican el consumo de drogas. Estas adicciones no químicas incluirían conductas como el juego, el sexo, el trabajo o las compras. Parece que cualquier conducta normal placentera es susceptible de convertirse en un comportamiento adictivo. Se podrían hacer usos anormales de una conducta en función de la intensidad, de la frecuencia o de la cantidad de dinero invertida y, en último término, en función del grado de interferencia en las relaciones familiares, sociales y laborales de las personas implicadas. Los componentes fundamentales de los trastornos adictivos serían la pérdida de control y la dependencia. Podemos decir que el uso de Internet (como cualquier otro comportamiento) es susceptible de crear una adicción en función de la relación que el sujeto establezca con ese uso. Uno de los aspectos problemáticos es: ¿a qué se hacen adictos los adictos a Internet? ¿Es al contenido al que acceden o es al Internet en sí? Un ejemplo de la problemática lo encontramos en la relación entre adicción al sexo y adicción a Internet. Un individuo que fuese adicto a las páginas de contenido sexual, ¿sería un adicto al sexo, a Internet, o a ambos? Los síntomas más claros son una necesidad de incrementar notablemente la cantidad de tiempo en Internet para lograr satisfacción, notable disminución de los efectos con el uso continuado de la misma cantidad de tiempo en Internet, abstinencia (agitación psicomotora, ansiedad, pensamientos obsesivos acerca de lo que estará sucediendo en Internet, etc.). Los síntomas causan malestar o deterioro en el área social, laboral u otra área importante de funcionamiento y se continúa usando Internet, a pesar de saber que se tiene un persistente o recurrente problema físico, social, ocupacional o psicológico que parece ser causado o exacerbado por el uso de Internet (privación de sueño, dificultades maritales, llegar tarde a las citas por las mañanas, abandono de los deberes profesionales, o sentimientos de abandono de personas significativas). Respecto a las causas, por un lado como ya hemos dicho antes cualquier actividad placentera es susceptible de crear adicción. Pero en este caso existen una serie de sentimientos que experimentan los usuarios dependientes de Internet y que pueden llevar a la adicción: Los adictos informan de una intensa intimidad cuando están conectados, existe un sentimiento de desinhibición, muchos adictos informan también de una pérdida de ataduras, sentimientos de que el tiempo se detiene o que pasa muy rápido, sentirse fuera de control cuando se está conectado. Puesto que hemos analizado las características de Internet que pueden llevar a la adicción, cabe preguntarse qué es lo que hace que algunas personas se conviertan en adictos y otros no. Hasta ahora parece haber quedado claro que Internet en la mayoría de los casos lo que hace es cubrir un déficit en la personalidad del adicto. Ya que Internet es eminentemente un instrumento de comunicación interpersonal, es en este ámbito donde el mundo virtual puede convertirse en un sustituto de la vida real para las personas con déficit en habilidades sociales, timidez o algún tipo de complejo. Estas personas son especialmente susceptibles de desarrollar este problema. Uno de los aspectos que diferencian a una adicción psicológica de una adicción química es que la primera no tiene las terribles consecuencias físicas negativas que puede tener esta última. Aun así, en el caso de la adicción a Internet también se han señalado alguna consecuencia, sobre todo las derivadas de la privación de sueño. La privación de sueño se produce por la incapacidad del adicto a cortar la conexión, permaneciendo despierto hasta altas horas de la madrugada, lo cual podría dar lugar a fatiga, debilitación del sistema inmunitario y un deterioro de la salud. El medio en el que se desenvuelve la adicción acarrea también una serie de cambios psicológicos negativos, consistentes en alteraciones del humor, ansiedad o impaciencia por la lentitud de las conexiones o por no encontrar lo que se busca, etc. Además, los efectos negativos de la adicción se expresan en los ámbitos familiar, académico y profesional. El adicto se aísla del entorno y no presta atención a otros aspectos de las obligaciones sociales. Respecto del tratamiento, lo más difícil es el reconocimiento del problema, y acudir a un especialista. Dado este primer paso, el resto es constancia. Pero lo más importante es tener claro que se puede conseguir y que merece la pena el esfuerzo.
Tradicionalmente la personalidad se ha definido como los aspectos del individuo, relativamente estables y duraderos, que le diferencian de las otras personas y le hacen único en su manera de percibir, pensar y relacionarse con el entorno y consigo mismo. Estas características no se pueden observar directamente, se infieren del comportamiento en los distintos contextos sociales y personales, uno de cuyos ejemplos sería la timidez.
Existen múltiples y variadas características de la personalidad y en unas personas están más definidas o marcadas que en otras. Todos conocemos a alguien al que definiríamos como alegre y extrovertido, a alguien tímido o introvertido, o amable, sabemos de personas a las que les gusta o necesitan llamar la atención, de otras que son más dependientes de los demás y también otras que se comportan de forma agresiva o son más desagradables o antipáticas. Nosotros mismos nos comportamos así en determinadas ocasiones.
Por esta razón podemos afirmar que una persona tiene muchos de estos rasgos y que no se comporta de una sola manera sino que en cada momento presentamos diferentes rasgos y con distinta intensidad; es decir, una persona que es tímida suele serlo cuando está ante desconocidos o en situaciones sociales concretas, aunque esto no quiere decir que esta persona sea tímida en todos los aspectos y momentos de su vida. Una persona extravertida también puede sentir timidez en momentos concretos de su vida.
Por lo tanto, podemos concluir que cuando las personas presentan dichos rasgos en su forma más extrema, y éstos afectan a la conducta hasta el punto de interferir negativamente en sus vidas, estaríamos ante un trastorno de personalidad.