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Es una depresión prolongada pero cuyos síntomas no son tan acusados como para diagnosticar un trastorno depresivo mayor.
Podría decirse que las personas distímicas están deprimidas crónicamente. Aparte de sentirse tristes y perder el placer en actividades habituales, también tienen el sueño alterado (duerme mucho o muy poco), baja autoestima, problemas de concentración, tendencia al aislamiento, desesperanza... Estos problemas son menos graves que los de la depresión, pero duran más, como mínimo dos años. Durante este tiempo no suelen tener periodos libres de síntomas, pero a la larga, pueden desarrollar episodios de depresión mayor.
La categoría de distimia sustituye a lo que antes se conocía como depresión neurótica y personalidad depresiva. Algunos expertos la consideran como una forma muy severa de depresión, por su cronicidad, es decir, por ser constante y con apenas periodos de normalidad.
• Los trastornos del estado de ánimo son una disfunciones mentales más generalizados de la población. Entre el 13 y 15% declaran tener síntomas depresivos, aunque es alrededor de un 5% los que necesitan atención hospitalaria.
• La frecuencia es el doble en mujeres que en varones.
• Las cifras aumentan también en algunos colectivos. Por ejemplo, es más frecuente en las personas en paro o con problemas laborales, en las ciudades más que en las zonas rurales y entre los separados o divorciados.
• La edad media de inicio suele ser alrededor de los 25-30 años para ambos sexos.
• La depresión tiende a ser recurrente, esto es, los pacientes tienden a experimentar recaídas. Se ha estudiado que alrededor de un 80% suele sufrir otro episodio al año de haberse recuperado. Muchos casos se vuelven crónicos, aunque la mayor parte se acaba por recuperar.
• La probabilidad de una recaída disminuye con el tiempo. Es decir, cuanto más tiempo un paciente deprimido está sin sufrir un episodio, menor será la probabilidad de una recaída.
• La aparición de este desorden ha ido creciendo en los últimos tiempos así como la edad media de su inicio ha ido disminuyendo, es decir, cada vez hay más casos de depresión en gente más joven. Uno de los motivos que más se barajan son los cambios sociales. Hoy en día las condiciones de vida como el trabajo, las relaciones de pareja, la independencia económica, etc., tienden a ser más inseguras o inestables, y los jóvenes cuentan con menos apoyos, tanto sociales como familiares. Quizá esto los puede predisponer a ser más vulnerables a padecer los síntomas negativos característicos de la depresión.
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Los problemas depresivos se manifiestan de diferentes formas, con distinta gravedad, y los síntomas que presentan son muy variados. De este modo, se dan casos en los que aparece un solo episodio, casos que padecen episodios frecuentes y otros en los que se dan casi de forma permanente. En cuanto a su gravedad, ésta puede ser desde leve hasta muy grave.
Existen varios síntomas muy característicos de la depresión, aunque el principal es una tristeza excesiva y una merma en la realización de actividades de la vida cotidiana. A pesar de ello, es necesario que una persona presente al menos otros cinco síntomas durante un tiempo concreto para pensar que estamos ante un episodio depresivo. Los más habituales son:
• Estado de ánimo deprimido la mayor parte del día y casi cada día. La tristeza es el síntoma básico, con sensación de vacío, llanto, desesperación, infelicidad, etc. En algunos casos, pueden presentar anhedonia (completa ausencia de la capacidad de sentir placer o afecto, ni siquiera tristeza), irritabilidad o nerviosismo.
• Fuerte reducción del interés por, o de la capacidad de disfrute de, casi todas las actividades. Aparte de las más obvias como acudir al trabajo o relacionarse socialmente, pueden sentir muy duras otras actividades más cotidianas como asearse o levantarse de la cama. En casos muy extremos se puede llegar hasta el estupor depresivo (estado en el que se da una extrema incapacidad de respuesta), en el que la persona puede presentar mutismo o parálisis generalizada casi totales.
• Pérdida importante de peso que no es debida a estar haciendo régimen, o lo contrario, ganar peso. Esta alteración tiene que ser notoria. Por ejemplo, un cambio de más del 5% de peso corporal (perdido o ganado) en un corto periodo de tiempo. También suele ir acompañado de la disminución o aumento del apetito casi cada día.
• Todo tipo de dificultades para dormir. No lograr conciliar el sueño, no poder volver a dormir después de haberse despertado en mitad de la noche, despertares a horas muy tempranas, o lo contrario, algunos pacientes duermen gran parte del día. Los problemas con el sueño son particularmente característicos, afectando a la gran mayoría de pacientes deprimidos (entre el 70 u 80%).
• Cambio en el nivel de actividad. Los pacientes pueden estar muy letárgicos, con dificultades para enterarse bien de lo que leen o les dicen, con una forma de hablar lenta y un tono monótono y bajo. Por otro lado, también pueden estar muy agitados, sin poder sentarse quietos, retorciéndose las manos, quejándose, suspirando, etc.
• La manera de pensar sobre uno mismo se vuelve negativa, con autorreproches y sentimientos de culpa muy intensos, así como la percepción del futuro y de todo lo que rodea a la persona deprimida.
• Problemas de concentración. Dificultades a la hora de tomar decisiones, pensamiento más lento, etc.
• Pensamientos sobre la muerte, ideas, planificación e incluso intentos de cometer suicidio.
• A menudo presentan también quejas de dolores físicos como el de cabeza o espalda, sentimientos de fatiga, disminución del funcionamiento sexual y un deterioro marcado en las relaciones con los demás.
Para diagnosticar depresión como trastorno del estado de ánimo cuando se presentan estos síntomas, hay que descartar que hayan sido producidos por situaciones de duelo como la muerte de un ser querido, o por alguna enfermedad física, uso de drogas o debidos a otro desorden mental.
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Este grupo de trastornos se caracterizan por fuertes alteraciones de la emoción afectiva, llegando al punto de sentir intensa tristeza o extrema euforia. El más conocido, por desgracia, es la depresión, ya que es uno de los trastornos más frecuentes en la población. En general, se siente una gran congoja, desesperación, abatimiento, sensación de inutilidad o incapacidad para tomar una decisión.
Los sentimientos depresivos, suelen estar presentes en otros muchos desórdenes mentales, como por ejemplo en la esquizofrenia, en los trastornos de la personalidad, en las disfunciones sexuales, etc. Sin embargo, para diagnosticar una depresión como síndrome se requiere la presencia de otros síntomas aparte de sentir una excesiva tristeza.
Por otro lado, la manía sería lo contrario. Excesiva actividad, delirios de grandeza, intensa alegría o mucha velocidad para todo (hablar, pensar, etc.) son algunos de los síntomas más frecuentes. Y aunque puede presentarse sola, lo más común es que vaya acompañada de episodios depresivos.